La función del enojo

por 17 Jul, 20200 Comentarios

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Aunque no saque de control, el enojo tiene un objetivo

La manera en la que interpretamos los eventos cotidianos (y también los que no son siempre tan mundanos), nos despiertan distintas emociones y, con ellas, diversas reacciones. El enojo se presenta en la mayoría de los casos, en ocasiones ocultando otro sentimiento, de pronto haciéndonos perder el control y siempre encontrando la manera de desestabilizarnos. Hay muchos motivos por los que podemos perder los estribos, y oscilan de lo más simple a lo más complejo. Por supuesto que la lista es infinita, y es común que a muchas personas se les dispare el enojo por las mismas razones; como por ejemplo el tráfico, toparse con una fila larga, la demora de algo que esperábamos o que alguien no entienda lo que queremos decir.

Pero sentirnos exasperados tiene un objetivo: indicarnos que no estamos de acuerdo. Nos devela las injusticias y nos señala que debemos actuar para remediarlo. Por eso el disgusto tiene un lugar fundamental en nuestra formación como seres humanos, ya que nos permite defender nuestras ideas y protegernos de ser abusados.

Cuando el enojo surge provoca una respuesta similar al estrés: reduce la temperatura corporal, aumenta la adrenalina y nuestra concentración se enfoca en un solo objetivo. Nuestros antepasados (hace miles de años) requerían de estas funciones corporales ya que no sabían cómo manejar sus emociones, y eran víctimas de sus impulsos. Por ende, debían estar preparados para atacar o defenderse de amenazas externas. Aunque la civilización ha evolucionado, la respuesta primitiva continua vigente, pero tenemos una ventaja con respecto a nuestros antepasados: la inteligencia emocional. Con esta habilidad somos capaces de regular nuestras emociones, lo que nos permite comprender la raíz de nuestro enojo y también canalizar adecuadamente nuestros impulsos.

Lo que sí es cierto, es que muchas veces no somos capaces de distinguir nuestras propias emociones o qué las desencadenó, convirtiendo una situación de enojo en ira o en un episodio exagerado que podría traer consecuencias muy dañinas para uno mismo y para el entorno. Si el enojo es recurrente, si nos hace perder el control o si sentimos que no podemos controlarlo, es momento de visitar un psicólogo especialista. Afortunadamente existen expertos capaces de ayudarnos a comprender nuestro comportamiento.

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Miriam Suárez

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