La adolescencia es una revolución creativa (Parte 2)

por 26 Abr, 20200 Comentarios

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El adolescente vive muchos cambios y, muchos de ellos, ocurren en la reorganización de sus fronteras de contacto.

Perls, Hefferline y Goodman (1951), definen el contacto como “conciencia inmediata y comportamiento hacia la novedad asimilable y también el rechazo de la novedad no asimilable. Lo que sobreabunda es siempre igual o indiferente, no es objeto de contacto”. Es mediante el contacto con lo que crecemos y esto es posible gracias a la asimilación o rechazo de lo que ocurre en nuestra experiencia en el entorno. “Solo a través de la función de contacto pueden lograr completo desarrollo nuestras identidades” (Polster y Polster, 1973, pp.104).

Este proceso por el cual el adolescente acepta o rechaza situaciones que se dan en el campo de su propia experiencia, es mediante el que configura su self –tal y como lo entiende McConville (1995), como un sí mismo y lo limita de lo que no es self, apropiándose y desapropiándose de partes de su experiencia. Es una especial y reflexiva expresión de la función sintetizadora del self. En definitiva, una expresión de crecimiento de su identidad, de la formación de una figura clara.

El adolescente se apropiará de aquello que es egosintónico con su yo (aceptable para su conciencia) y apartará o llevará al fondo de su experiencia aquello que vive como distónico (no aceptable para su conciencia). En este momento es frecuente que aparezca el mecanismo de la proyección (ver fuera o en el otro algo que es mío y no acepto) puesto que no está preparado todavía para incorporar en su identidad determinadas aptitudes que el mundo le devuelve. Estos serían los aspectos distónicos que aparta al fondo de su experiencia y que, si alguien se lo devuelve, lo verá proyectado en el mundo.

En la adolescencia, en este proceso, lo que madura es la frontera de contacto que organiza el self y la relación con el entorno, por ello esta etapa resulta a veces tan difícil y perturbadora. Es como un nuevo nacimiento en donde su manera de ver las cosas es completamente nueva, pues, ya lo ven con sus propios ojos, los introyectos se han roto y ahora su perspectiva es completamente diferente. Por lo cual la función sintetizadora del self permitir que el individuo rompa con el introyecto, de esta forma es esencial el crear y organizar los significados en el mundo y se aproxime a una reconfiguración global de la experiencia, lo cual permitirá́ que adquiera una visión personal de las cosas, un sentido de coherencia interna, cohesión e integridad de figura; así́ ́ nace el sentido de identidad personal.

Acerca del autor

Tania Fuentes

Acerca de mi:

Psicóloga con formación y experiencia en la Psicoterapia Gestalt, especializada en Adultos y Adolescentes.

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