El poder curativo de las palabras

por 15 May, 20200 Comentarios

words

Entre la variedad de métodos que existen para sanarnos, las palabras están al alcance de todos.

Los seres humanos hemos sido dotados con la capacidad de hablar. El lenguaje es uno de los regalos que nos convierte en personas, nos distingue de las demás especies. Además de proveernos un espacio de expresión, nos permite el entendimiento con nuestros semejantes. Las palabras nos permiten comunicar nuestras necesidades y emociones, así como comprender el entorno.

Si bien acostumbramos a hablar para decir nuestras necesidades, pocas veces reparamos en cómo lo decimos. O mejor dicho, en lo que conseguimos al hablar. Al ser la plática tan común, tan trivial, minimizamos el valor curativo que tiene entablar un diálogo. O dicho de una forma más fácil: poner en palabras lo que sentimos es un método sanador. Un ejemplo de la importancia que tiene hablar, es cuando la ansiedad desencadena una serie de eventos en nuestra imaginación que podrían evitarse si tan sólo lográramos una comunicación asertiva.

Las palabras son las herramientas más eficaces que tenemos para definir lo que sentimos. Al poner en el lenguaje nuestras emociones las hacemos reales y somos capaces de afrontarlas. Así, resuenan en nuestros pensamientos, de manera que nos permiten entender entendamos qué estamos dando a entender a los demás. Cada palabra nos delimita una emoción, dándole forma y sentido.

Si a ello añadimos que son comprensibles en el mismo contexto para los demás, ocurre el milagro del diálogo. Ahora, si nuestro interlocutor es una persona capaz de escuchar sin prejuicios y suficientemente empática como para entender nuestros sentimientos, es posible que obtengamos una retroalimentación que nos permita crecer. Las psicoterapias son un método que nos permite aprovechar esta función tan simple para encontrar una sensación de armonía y bienestar.

Es por eso que debemos escoger cuidadosamente las palabras que decimos, sobre todo a nosotros mismos, porque tienen la fuerza de permitirnos crecer y también de destruirnos. Eventualmente, nos convertimos en lo que nos decimos que somos, o en lo que nos dice nuestro entorno que nos define. Es fundamental rodearnos de palabras que nos sanen, y de personas que sean capaces de escucharlas.

“No hay tiempo para la desesperanza, no hay necesidad del silencio, no hay espacio para el miedo. Nosotros hablamos, nosotros escribimos, nosotros utilizamos el lenguaje. Así es como la civilización se cura”, Toni Morrison, escritora estadounidense.

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Miriam Suárez

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